MOTIVACIÓN Y RECOMPENSA
LA ESCASEZ DE RECOMPENSAS. NO HAY PARA TODOS.
Todo el mundo tendemos a
esforzamos para obtener recompensas, sin embargo cuando el éxito no está
asegurado muchas personas prefieren no esforzarse y escoger quizás otro camino
más sencillo que sí les conduzca al éxito.
EL JUEGO DE LA CAPACIDAD
Sin embargo, cuando el éxito
es accesible para muy pocas personas, los alumnos suelen competir para poder
lograrlo y mostrar sus capacidades al resto de los compañeros, y por el
contrario, cuando muchos pueden acceder al éste, el esfuerzo casi no tiene
importancia debido a la sencillez de la tarea.
AGRUPAR DE ACUERDO A LA CAPACIDAD
Las investigaciones que han
estudiado la agrupación de acuerdo a la capacidad han obtenido como resultados:
-
Se acentúan las diferencias iniciales entre los
grupos. Se fomentan aspiraciones insensatas, la baja autoestima, la agresividad
y las actitudes negativas hacia la escuela (Alexander y McDill, 1976).
-
Cuando los profesionales no esperan mucho de los
alumnos, éstos no suelen defraudarles, les ofrecen lo mínimo. Profecía que se
cumple a sí misma (Rosenthal y Jacobson, 1968).
-
Los profesores atribuyen su indiferencia a una falta
de capacidad. Nadie quiere hacerse responsable del fracaso ajeno y sí del éxito
(Omelich, 1974).
APRENDER A PERDER
Ante la imposibilidad de disminuir sus aspiraciones después de un
fracaso se derrumban los mecanismos de autoprotección que describió Hope. Esta
falta de flexibilidad fomenta un patrón de "cambios atípicos":
-
Incrementar o mantener sus expectativas después de
fracasar en vez de disminuirlas (hay sanciones graves si se disminuyen). Los
niños se aferran de forma rígida a esos niveles de exigencia, incluso después
de repetidos fracasos. Se sostienen en diversos pensamientos de tipo mágico;
creen que lo que desean que ocurra sucederá, por muy escaso que haya sido el
rendimiento anterior.
-
Los profesores suelen elogiar de forma equivocada
las aspiraciones no realistas como prueba de la voluntad de esfuerzo del alumno
y, por tanto, refuerzan, sin darse cuenta, unas metas destinadas a no ser
alcanzadas.
LAS RECOMPENSAS COMO FACTORES DE MOTIVACIÓN
Muchos educadores consideran
que las recompensas competitivas suponen el principal motivo de logro, lo cual
forma parte de un mito: si proporcionamos las recompensas adecuadas, en número
suficiente, incitaremos a los estudiantes pasivos. Conclusiones de un trabajo
de De Charms:
-
No usar premios cuando son experimentados por el
estudiante como agentes de control porque disminuye el interés del sujeto.
-
No usar premios si se quiere que los alumnos aborden
tareas difíciles, ya que si una persona etiqueta una tarea como extrínseca,
tenderá a elegir formas fáciles de esas tareas, y si la etiqueta como
intrínseca busca formas difíciles o intermedias.
-
No usar premios cuando se desea transferir lo
aprendido a situaciones posteriores no premiadas, ya que se producen efectos
negativos cuando el sujeto no espera la conexión tarea-premio en el futuro.
-
No usar premios cuando éstos son superfluos,
innecesarios, ya que las tareas no se acentúan ni siquiera cuando están siendo
reforzadas.
-
Premiar las tareas habituales obligatorias o de
memorización, pero no la creatividad o la solución de problemas, ya que las
primeras son acentuadas por premios inmediatos y las segundas son interferidas.
EL EFECTO DE LA SOBREJUSTIFICACIÓN
Recompensar
innecesariamente por hacer algo que ya gusta puede debilitar el interés por la
tarea. Sobornar a las personas para que rindan crea un marco extrínseco que no
invita al compromiso intrínseco. Este efecto perjudicial adopta muchas formas:
-
Hace que los estudiante
elijan tareas más fáciles y no las que suponen un reto mayor (Harter, 1974).
-
Perseveran menos cuando
estudian (Fincham y Cain, 1986).
-
Son menos creativos y
flexibles cuando se esfuerzan por solucionar problemas (Amabile, 1982).
-
Están más dispuestos a
limitarse a "adivinar" las respuestas correctas (Condry y Chambers,
1978).
-
Tienden a recordar menos
la información aprendida, ya que las recompensas extrínsecas tienden a distraer
la atención de la persona durante el aprendizaje (Grolnick y Ryan, 1986).
Los niños que adquieren una mentalidad
extrínseca manifiestan muchas de las características que hemos relacionado con
la indefensión aprendida.
El principio del “mini-maxi” es una
orientación de trabajo según la cual los alumnos intentan conseguir el máximo
de recompensa con el mínimo esfuerzo.
LAS CALIFICACIONES
·
Tienden a motivar a los que menos lo necesitan y a
desanimar a quienes más necesitan ser motivados.
·
Las calificaciones, pueden motivar a algunos
estudiantes pero sólo de forma temporal y por razones equivocadas, al activar
la amenaza de fracaso.
·
Impiden a los estudiantes más capaces hacer uso al
máximo de sus facultades.
·
Cuanto más se resisten a aprender los alumnos, tanto
más justifican los educadores la necesidad de las calificaciones, como un
intento desesperado de motivar a los alumnos indisciplinados y difíciles de
controlar. La amenaza del suspenso se concibe como arma para vencer la apatía.
Pero la apatía ya es una conducta motivada. Lo más probable es que las
calificaciones intensifiquen las conductas de evitación, y que exageren el
valor de la capacidad como fuente de valía.
Muchos alumnos son calificados como dentro
del “almacenamiento de niños” que son alumnos que creen que no se les puede
enseñar y que carecen de valía personal.
UNA NUEVA FILOSOFÍA
La clave para motivar de forma adecuada a los
alumnos, depende de proporcionar a cada uno una instrucción que nos sea ni muy
fácil ni muy difícil. Esto implica que el profesor debe conocer las capacidades
de cada alumno y tener estrategias para poder extraer lo mejor de cada uno.
También juega un papel muy importante la decisión de los alumnos sobre lo que
quieren estudiar.
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